Lugar del rodaje
Trabajando en Nueva York
En el verano de 2004, con el lanzamiento de la suntuosa adaptación de Nair del clásico de William Thackeray, “Vanity Fair”, hace algunas semanas, Assarat visitó Mirabai, la productora de Nair basada en Nueva York, donde tuvo la gran suerte de mirar mientras editaba. Assarat preguntó qué era lo que Nair esperaba de los actores cuando iniciaba su tarea y la película tomaba forma. “Energía”, dijo. “Los actores deben tener energía desde el principio hasta el final de la escena”.
La segunda vez que Assarat observó a Nair en acción en la primavera de 2005, cuando “El buen nombre” llega a la producción en Nueva York, con el trabajo en Calcuta por delante. Cuando Nair había lanzado el proyecto –basado en la novela de Jhumpa Lahiri ganadora del premio Pulitzer–, Hollywood le había ofrecido un monto de 7 cifras para dirigir la quinta película de Harry Potter. Una noche, en Nueva York, cuando la Sra. Nair dijo que no cogería un taxi para volver a casa, Assarat le preguntó si tal vez no habría sido más sensato aceptar el dinero. Sonriente, ella contestó: “Tienes que hacer lo que realmente te interesa”.
Vida de campo
Un día, la producción de “El buen nombre” visitó Oyster Bay, en Long Island. Las escenas –sólo tres o cuatro páginas de diálogo, la cuota diaria habitual– se realizaron en una amplia residencia colonial, situada en un inmenso jardín color esmeralda que se funde progresivamente con el frente marítimo.
En la historia, Gogol, hijo de inmigrantes indios, llega aquí para conocer a los padres de su rica prometida. Assarat piensa saber por qué Nair ha elegido este lugar específico. “Alrededor de estas espléndidas casas, parece que la vida está fuera de alcance para los inmigrantes”, escribió en su diario. “No nacimos aquí y, por lo tanto, nunca perteneceremos a este lugar.”
Profesionales trabajando
Además del curso sobre rodaje, Assarat varía su rutina, a veces acompaña a Nair mientras trabaja con el monitor, haciendo preguntas o hablando con ella en los ratos libres, a veces caminando sin rumbo para conocer al equipo y saber qué hacen en profundidad.
“El equipo de la película en Estados Unidos es absolutamente profesional”, explica Assarat. “En Tailandia, cada persona en un rodaje debe hacer varias cosas a la vez, pero nadie a este nivel. Cada persona es un especialista y con una habilidad altamente desarrollada”.
Un día memorable durante el rodaje en Calcuta, Nair estaba filmando en el ruido de una animada estación de tren. Abriéndose camino entre la multitud, Assarat observó a guardias armados con rifles que efectuaban controles, extras como telón de fondo recibían las instrucciones de los asistentes de Nair y el productor trataba de calmar al enfadadísimo jefe de estación, que no había sido previamente informado de que el equipo de filmación iba a cerrar la mitad de la estación.
Mantenerse calmo en una crisis
¿Y dónde estaba Nair? En el tren vacío, hablando con calma sobre la próxima escena con el cámara. “Confía en que su equipo resuelva los problemas en su lugar, para ella poder concentrarse en la dirección”, dice Assarat. “Esto es dirigir correctamente”.
Pero en realidad, las lecciones que impartía por el ejemplo eran más profundas. “De vuelta a Nueva York” recuerda Assarat, “Mira estaba apurada por filmar la última escena antes de que saliera el sol. Estábamos en un embarcadero rodeado de olas que se estrellaban en él y todos estábamos mojándonos. Cuando empezamos el rodaje, no tuvo tiempo de decidir si la actriz debería estar a la izquierda o a la derecha de la cámara. Después, me di cuenta de que esto le sucedía a cualquier director bajo presión y que comete errores. Me transmitió la confianza de saber que puedo hacer lo que ella hace”.
Extracto de un capítulo escrito por Matthew Gurewitsch para “Unique voices, Common Visions”, una reseña del ciclo 2004/2005 de la Iniciativa Artística Rolex.