Lecciones
“Frears me obligó a pensar en lo que quería. Él quiere que todo sea claro”, cuenta Méndez. “Aún hoy, intento responder a algunas de sus preguntas. Debería dejar ciertas respuestas a los espectadores, pero como escritor, me gusta saber y luego decidir lo que quiero que ellos sepan”.
Muchos directores no dudan en iniciar una producción con un guión sin terminar. Siempre se pueden rodar finales alternativos. Frears lo hizo una vez, pero últimamente no lo ha vuelto a hacer. “Mi experiencia es que, si te equivocas, el error lo transmites en lo escrito”, dice, y añade que la ambigüedad es una manera lamentable de ocultarlo. “Es una excusa para algo que, quizás, no sea una buena idea. Cuando empiezas a hacer cine, nunca estás seguro de nada, y el resultado siempre es poco claro. La gente no puede decir cuáles eran tus intenciones. Después, cuando ganas experiencia, tienes más confianza y eres más preciso en tus intenciones pero entonces te acusan de haber tenido las intenciones equivocadas. Aquí encuentras una nueva manera de torturarte”.
Afortunadamente, Méndez recibió estas claras explicaciones de Frears desde los primeros días de filmación en la pequeña habitación de “Dioses” y con un equipo de producción que era un poco más amplio que lo necesario. “La primera semana fue dura… todos hablaban al mismo tiempo”, cuenta Méndez. “Pero las ideas principales que recibí [de Frears] eran precisas, para encontrar el significado de cada escena y respetarlo. No hubo grandes descubrimientos ni sorpresas. No sé si está bien o mal, ¡pero mi productor está contento!”
Extracto de un artículo de David Patrick Stearns para “Mentor & Protégé”, una revista que reseña el ciclo 2006/2007 de la Iniciativa Artística Rolex.