El proyecto

Hacer películas es algo demasiado complicado que no da cabida al júbilo tras bambalinas. Pero en la cálida tarde de sábado en Lima, el equipo de diseñadores y cinematógrafos de Josué Méndez está preparando la futura película con exclamaciones de aprobación – “¡Sí!”, “¡Bueno!” y “¡Vamos!” – alrededor de una mesa cubierta de libros sobre sus ídolos. Con camiseta, pantalones cortos y sandalias (la indumentaria urbana típica de Lima), y con parsimonia, Méndez manipula un visor –una lente cilíndrica que es un estándar para la mayoría de los directores, pero que es un lujo para los peruanos dentro de un presupuesto cinematográfico. Mientras se abre la caja de piel, se escuchan silbidos de admiración.

Éste es el espíritu de quienes son jóvenes y tienen poco que perder. Parece ser que el mundo les permitió la audacia de filmar “Dioses”, una comedia satírica sobre la hermética clase alta peruana.

En Perú, la comunidad cinematográfica es tan pequeña que en realidad nadie trabaja a tiempo completo en el sector. Una de las estrellas de “Dioses”, una popular actriz de telenovelas llamada Denisse Dibos, invierte en una producción local de “Jesucristo Superstar” para completar sus ingresos. La productora de Méndez, la encantadora y siempre ingeniosa Enid “Pinky” Campos, ha recorrido el mundo, desde la India hasta Bulgaria, gracias a las invitaciones a los festivales de cine. Pero, por razones financieras, todavía vive con su madre. En una reunión para reunir fondos de último minuto para “Dioses”, hizo una fiesta de la cerveza que recaudó 1.400 $.

Mientras filmaban en exteriores en un balneario exclusivo –donde un árido desierto termina en las orillas del mar– vieron propiedades con asistentas indias, vestidas con uniformes diseñados para que combinaran con el papel de la pared. En un mundo tan estratificado, la decoración interior de la comunidad fácilmente se transforma en un comentario social. “¡Pero ellos no lo saben!” dice Méndez, con los ojos chispeantes.

Desde hace años, moverse en Perú tiene muchas restricciones debido al terrorismo y eso ha convertido a Lima en una ciudad de puentes, guardias y reductores de velocidad. Mientras buscaba exteriores, Méndez fue recibido en un exclusivo balneario con un guardia en bicicleta que siempre lo seguía a menos de cinco metros.

A este extraño mundo llegó Frears al inicio de su labor con su Discípulo. Con Méndez en la etapa conceptual de “Dioses”, Frears supo que marcaría la diferencia. “Era importante que Méndez hiciera la película,” dice Frears. “Todo lo que puedes hacer es seguir adelante haciendo cine y aprender progresivamente. A mí me llevó mucho, mucho tiempo. Rodéate de gente capaz y escúchales. Por ejemplo, yo no sabría cómo iluminar una escena, pero sé que puedo dirigirla. Puedo hacer lo humanamente posible... en un buen día.”