Mario Vargas Llosa y Antonio García Ángel participaron en la conferencia de prensa que se llevó a cabo por el lanzamiento de “Recursos Humanos” en Madrid, España, el 12 de marzo de 2007.
Palabras de Mario Vargas Llosa
12 de marzo de 2007
La experiencia como Mentor
Bueno, quizá debería comenzar por decirles algo sobre lo que fue mi experiencia. Una experiencia completamente desconocida, que nunca antes había vivido, a pesar de haber sido profesor, haber enseñado literatura, incluso en talleres de literatura creativa. Pero esta experiencia ha sido muy distinta porque era una cosa mucho más personal, en la que, a lo largo de un año, he visto gestarse, desde su primera raíz, una novela. A pesar de llevar tantos años escribiendo novelas sobre lo que hago, no tengo la misma perspectiva que he tenido viendo trabajar a Antonio, desde la primera idea que concibió para esta historia. Desde luego, ha sido una experiencia fascinante, muy distinta a la que creo que tengo yo cuando escribo novelas. La manera en la que los escritores trabajan no es idéntica, varía mucho. Depende de las personalidades, de la idiosincrasia, de la psicología, de las obsesiones, de los objetivos que se fijan los escritores, y en el caso de Antonio, la manera en que va construyendo una historia, es en realidad muy distinta de lo que me ocurre a mí cuando escribo una historia. Por eso, la experiencia ha sido realmente fascinante.
Cuando comenzamos a trabajar él tenía una idea que a mí me pareció enormemente divertida para esta novela, cuyo título todavía desconocía. Y su idea era la siguiente: una empresa moderna, en Bogotá o en una gran ciudad, en la que, en uno de esos procesos de reestructuración, que hoy en día son tan frecuentes, un empleado quedaba fuera del organigrama. No desaparecía, pero quedaba allí como olvidado, como exiliado del sistema de funcionamiento, salvo en dos aspectos: seguía conservando un escritorio y un local y se le pagaba el salario. Pero no tenía nada que hacer y quedaba como viviendo en la estratosfera dentro de la propia empresa.
La idea no podía ser más divertida e interesante. A mí me intrigó mucho cómo iba a desarrollar esta historia, qué iba a ocurrir con este individuo que iba a ir llevando una existencia cada vez más solitaria, casi clandestina, en el mundo de esta gran empresa moderna.
Presenciar la evolución del libro
Él comenzó a trabajar con esta idea y, para mí, lo más interesante fue ver cómo, sin proponérselo, sin casi notarlo, esta idea inicial se fue transformando en una idea distinta. Uno de los personajes menores de la historia, un personaje que iba a ser secundario, de pronto, fue creciendo entre sus manos y, a medida que avanzaba la historia, se iba imponiendo e iba desplazando al que iba a ser el protagonista. A medida que Antonio escribía sus episodios, sus capítulos, este proceso se acentuaba, hasta que, en un momento dado, el proyecto inicial quedó convertido en un proyecto muy distinto. Sin desaparecer del todo, la idea del empleado que queda fuera de órbita, pero sigue existiendo y formando parte de la empresa, evolucionó, resultando en un personaje que pasó a ser el protagonista y a llevar las riendas de la historia.
En fin, para mí fue un proceso fascinante en el que yo, desde luego, no intervine para nada, salvo para hacer comentarios de lector. En realidad, mi trabajo con Antonio ha sido el de un lector privilegiado porque he leído, no sus originales, sino sus borradores. Y he comentado los borradores de tal manera que fuera útil para él, si es que, para él, mis comentarios contribuían a lo que iba descubriendo y quería hacer con su novela. En muchos casos, hizo bien y desechó mis sugerencias. Salvo en un aspecto, el único en el que creo que sí le he echado una mano. Le he convencido de que escribir implica trabajo e inspiración. Sin ninguna duda, si alguien no tiene una fantasía, no tiene cierto vuelo imaginativo, difícilmente pueda escribir una novela. Pero si todo eso no se apoya en la disciplina, el esfuerzo, la perseverancia y cierta terquedad, muchas veces se fracasa. Creo que en eso, afortunadamente, alguna ayuda le he prestado a Antonio, convenciéndole de que la disciplina es un elemento indispensable de la creación.
El resultado
Me siento feliz con el resultado. La novela es magnífica. Es una novela de humor. Ustedes saben que en nuestra lengua el humor no está muy presente en la literatura. Yo también confieso ese prejuicio, haber pensado que el humor era incompatible con la literatura seria. Desde luego que no lo es. Y un buen ejemplo de ello es “Recursos Humanos”, una novela donde hay mucho humor. Casi en cada página es imposible no sonreír y a veces reírse a carcajadas y, al mismo tiempo, es una novela tremendamente seria y, en muchas páginas, tremendamente triste porque aparece un aspecto de la condición humana que es más bien desgarrada, lastimosa y, aún en esos momentos, hay una vena risueña que brota de Antonio con la naturalidad con la que brota la respiración en un cuerpo humano.
La novela tiene una organización, una estructura, que también fue surgiendo mientras Antonio trabajaba, yo diría de una manera intuitiva, mucho más que racional, planeada, algo que a mí también me fascinó mucho. A mí no me suele ocurrir eso. Yo más bien planeo de una manera bastante consciente la organización de las historias. En el caso de Antonio, no. A medida que se le iban ocurriendo cosas, se le iban ocurriendo también maneras de decirlas y lugares donde insertarlas dentro del plan general de la historia.
La novela, aparte de divertida e interesante, es un relato muy bien construido. Es una novela que tiene una construcción muy creativa, muy original, y da la impresión de haber sido muy minuciosamente planificada. Pues no, nada de eso ocurrió y yo puedo dar testimonio de ello, ya que he seguido paso a paso su estructuración.
La iniciativa
Aparte de eso, la experiencia fue muy interesante y, desde luego, me parece una iniciativa magnífica. Ya me hubiera gustado a mí, cuando era un escritor jovencito que empezaba, tener la posibilidad de trabajar con un escritor conocido que ya había leído, un escritor experimentado. Y creo que eso vale para un pintor, para un músico, para una bailarina, para un cineasta. La iniciativa es magnífica y la experiencia para mí fue muy instructiva. Seguramente hay otros Mentores que, como yo, creen que han aprendido tanto o más que el Discípulo.