Entrevista con Mario Vargas Llosa

¿Qué aspecto de la Iniciativa Artística Rolex le pareció más interesante y decisivo para su participación en el programa?

La idea de colaborar con un discípulo despertó en mí una gran curiosidad, simplemente porque nunca antes lo había hecho. En particular, me interesaba saber si esta relación de trabajo podría aportarme otras perspectivas sobre mi propia actividad creadora. No existen dos escritores idénticos: la obra literaria es una proyección de la propia personalidad. El proyecto me ofreció una oportunidad especial de entablar una relación de intimidad con otro escritor en el marco de un proyecto creativo.

¿Considera usted que un artista consagrado tiene el deber de transmitir su sabiduría artística a las jóvenes generaciones?

Creo que el artista tiene el deber de ser creativo, riguroso y auténtico, y no mentir. Cualquiera que sea la novela que uno escriba, nunca estará narrando una verdad objetiva. Cada escritor posee su propia verdad. Ser uno mismo, decir lo que uno cree: el escritor debe actuar con lealtad a su propia visión del mundo. Si hace esto, habrá cumplido con su deber. Ahora bien, es valioso compartir con escritores más jóvenes lo que se ha aprendido, a fin de que la literatura siga siendo una fuerza importante en la sociedad. Pero en el mundo literario de hoy tenemos un problema: el predominio de la literatura ligera, una literatura que sólo quiere ofrecer entretenimiento y nada más que entretenimiento. Por cierto, la literatura debe entretener, pues de otro modo no es nada. Pero una literatura que sólo quiere ser entretenimiento está condenada de antemano, pues no posee la capacidad de competir con los medios audiovisuales. La literatura tiene que adoptar su propio punto de vista, un punto de vista crítico de su tiempo y de la sociedad. Es importante luchar para mantener la vigencia de este concepto, en una época en que la literatura está amenazada por la frivolidad.

¿Ve usted alguna diferencia entre un docente y un Mentor? De ser así, ¿cuál es a su juicio la principal diferencia entre ambas funciones?

Me parece que la relación con un Mentor es mucho más privada que la relación de enseñanza-aprendizaje en una universidad o academia. No creo que se pueda enseñar a alguien cómo escribir una novela o un poema. Lo que sí se puede hacer es compartir las experiencias personales como escritor con el propósito de ayudar al joven artista a descubrir su propia voz, sus propios objetivos literarios, y tal vez poner a su disposición algunas revistas, algunos libros, darle a conocer autores e ideas que a uno mismo le ayudaron cuando era un joven que iniciaba sus pasos en la escritura.

¿Tuvo usted un Mentor o Mentora y, en caso afirmativo, qué influencia ejerció esta persona en su carrera y obra?

Esta es una pregunta interesante. Quizás influyeron en mí algunos amigos de la universidad, otros estudiantes que en esos años tenían la firme voluntad, como yo, de llegar a ser escritores algún día. Pienso que fue al calor de nuestras conversaciones, intercambiando libros, cuando comprendí cuál era mi vocación y que tuve mis primeras experiencias de formación literaria. Probablemente aprendí más de estos amigos, de estos camaradas de escritura, que de los cursos de literatura impartidos en la universidad. Pero, por supuesto, nuestros verdaderos Mentores eran algunos grandes escritores. A comienzos de los años cincuenta, se trataba sobre todo de figuras literarias francesas y estadounidenses, como los escritores de la “generación perdida”, Hemingway, Dos Passos y, en mi caso, Faulkner. Creo que la obra de Faulkner fue la primera que leí con lápiz y papel en mano, pues me esforzaba por desentrañar la forma en que este novelista organizaba el tiempo, el espacio y los puntos de vista.

¿Qué le llevó a elegir a Antonio García Angel como discípulo entre los demás finalistas? ¿Qué le calificaba para tomar parte en este programa y trabajar en colaboración con usted?

Antonio ha publicado sólo una novela y algunos cuentos. Esa primera novela me gustó mucho. Ambientada en Bogotá, está bien escrita y creo que podemos considerar que su estilo es bastante humorístico. No obstante, la realidad es que detrás de toda esa extravagancia y ese humor se expone un problema muy grave, el cual es descrito con gran clarividencia y habilidad literaria. En sus cuentos encontré también un mundo personal, y al mismo tiempo algo que me parece muy, pero muy importante en todo joven escritor: una ambición, es decir, una propensión a asumir situaciones difíciles.

¿Hay similitud entre su enfoque de la literatura y el enfoque de su Discípulo? ¿Es éste un factor importante en lo que atañe a su colaboración?

Pienso que hay un aspecto similar. Antonio es ambicioso, y esto es muy importante para un escritor. Pero su ambición no se limita a buscar el éxito, lo que es en sí un deseo legítimo. Él también quiere ser importante, y esto es esencial para un joven escritor. Y tal voluntad acrecienta enormemente las probabilidades de que llegue a ser un buen escritor. Antonio es muy joven, y no ha leído a todos los autores de quienes yo aprendí buena parte del oficio de novelista, de tal manera que le estoy proponiendo algunas sugerencias en ese sentido. Pero hay otro aspecto que reviste importancia en este tipo de trabajo, la empatía hacia las personas que en él participan. Y en Antonio, esa empatía existe: es una persona amistosa, abierta, con quien resulta muy fácil trabajar.