Tras un año con un Maestro
Antonio García Ángel habla de su año como Discípulo Rolex
¿Cuál fue su logro literario más importante antes de comenzar a participar en este programa?
La publicación de mi primera novela, es decir, haberla terminado y publicado.
¿Cómo transcurrió el año de tutoría?
Perfectamente. Cuando comenzamos, mi segunda novela estaba en la etapa borrador y me sentía muy inseguro. Desde entonces, he escrito casi 300 páginas y sigo trabajando en ella de forma constante; me siento muy seguro y muy feliz de lo que estoy haciendo.
¿Qué fue lo mejor de la experiencia como Discípulo Rolex?
Pude visitar varios países, casi todos por primera vez. Es muy bueno salir de la pequeña esfera provinciana y ver el mundo. Además, trabajé junto a un maestro de la estatura de Mario Vargas Llosa. Eso fue lo mejor, trabajar con mi Mentor… y las páginas que surgieron de ese período.
¿Puede contar una anécdota o situación que sintetice o refleje la relación entre usted y su Mentor?
Hay más de una. Por ejemplo, la primera vez que nos entrevistamos personalmente, me dijo que había leído mi novela y los demás textos que yo le había enviado. Era evidente que lo había hecho, y detenidamente. Se veía muy interesado en ayudar a su Discípulo a hacer un buen trabajo. Me pareció que, en el supuesto de que yo fuese la persona escogida, ya habíamos comenzado sobre una buena base. Ese primer encuentro dio el tono de nuestra relación futura.
¿Cuál es la enseñanza o consejo más importante que recibió de su Mentor?
La disciplina. Es decir, disciplina para escribir siempre, para mantener una rutina constante de escritura.
¿Cree usted que su trabajo se parece al de su Mentor o se distingue de éste?
¡Sin duda, es diferente! La literatura es una respuesta muy personal, muy íntima a los propios fantasmas, a las obsesiones más recónditas. En el arte, poco importa si uno escribe a mano o en un ordenador. Lo más importante es la fuerza interior, y ésta depende más del alma que del método. En un oficio como éste, las diferencias son muy interesantes, porque le presentan al autor otros puntos de vista sobre su propia escritura.
¿Recibió de su Mentor otras enseñanzas, ajenas a la práctica de la creación literaria?
Sí. Me aportó la convicción de que uno debe ser verdaderamente fiel a lo que piensa y defender los propios puntos de vista, por muchos enemigos que se ganen o combates que se libren. Me refiero a la necesidad de ser coherente en la política, la ética, la forma de pensar.
¿Puede describir, en pocas palabras, cuáles han sido para usted los aspectos más provechosos del año de tutoría?
La tutoría me permitió concentrarme en mi escritura, a la que, de otra manera, hubiera tenido que dedicarme por las noches, en horas en que estaría muy, pero muy cansado. Eso es lo primero: disponer de tiempo, estar libre de preocupaciones. Además, me hizo comprometerme firmemente con la disciplina, con mis obligaciones. Me dio una perspectiva muy precisa de lo que estoy haciendo.
¿Cambió o evolucionó su concepción de la escritura en el curso de la experiencia de tutoría?
Ahora tengo más disciplina y he ampliado mi conocimiento de la literatura. La lectura fue importante. Pero sobre todo, he desarrollado mis ambiciones, he ensanchado mi visión de las cosas. Antes, tenía metas muy modestas. Hoy, las he proyectado muy lejos, muy por delante. Quiero hacer cosas más grandes.
Ahora que el año de tutoría ha terminado, ¿qué rumbo tomará su carrera artística?
Seguiré escribiendo, sin parar. Quiero crecer como escritor. Quiero escribir obras más complejas y más documentadas, usando recursos nuevos y originales. Quiero llegar a muchos más lectores.
¿Desea hacer otro comentario?
Estoy muy agradecido a Rolex y a Mario Vargas Llosa. Mi Mentor ha sido el mejor profesor que he tenido en mi vida, no por ser quien es, sino por su forma de trabajar, de pensar, de abordar el proceso y por querer hacer de su Discípulo una mejor persona.