Relación literaria

La voz de su Maestro

A mediados de 2004, cuando el segundo ciclo de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos estaba empezando a coger el ritmo, Mario Vargas Llosa dictaba un curso en Oxford sobre “Los Miserables” de Victor Hugo, titulado “La tentación de lo imposible”. Entre el público de las conferencias estaba el joven escritor colombiano, Antonio García Ángel, de 33 años, discípulo de Vargas Llosa en el programa de Rolex.

Más tarde, los dos ratones de biblioteca viajaron juntos de Oxford a Londres. El ruido suave del tren acompañó su conversación sobre la literatura, su tema predilecto, en un registro mucho más informal. La relación entre el Mentor y el Discípulo es de franca camaradería. Ya han pasado tiempo juntos, han asistido al teatro, al cine y se tutean.

Bajo la tutoría de Vargas Llosa, cinco largos años después de completar su primera novela, García Ángel se ha sumergido en su segundo relato. “Es una tragicomedia de la clase media,” indica. Esta vez, el protagonista es un ejecutivo que debe hacer malabarismos con un matrimonio, una amante y una celebración en la empresa. “Causará risa,” promete García Ángel, “pero duele como si uno tuviera la costilla rota.”

Sabias palabras

“Trabaja en tu libro ocho horas al día, como si se tratara de cualquier otro empleo,” le pidió Vargas Llosa en una de las sesiones al comienzo de la tutoría. “Este es el secreto del éxito.” Como dijo desde el inicio, Vargas Llosa esperaba recibir un nuevo capítulo cada viernes, para discutirlo el domingo siguiente en persona o, a menudo, por teléfono. “¡Un capítulo por semana!”, se repetía García Ángel aturdido. “¡Eso es mucho estrés!” Pero sus grandes ojos y la sonrisa de oreja a oreja transmitían, por anticipado, una desenfrenada emoción.

“Al principio,” recordaría Vargas Llosas meses más tarde en París, “Antonio se sentía un poco perdido. Se dejaba llevar por el impulso. Pensando que le sería útil, le sugerí que hiciera una estructura al menos aproximada de su historia. Ahora la trabaja con detalle y sabe cómo comienza la historia, cómo termina, conoce todas las partes, todos los personajes principales. No estaba acostumbrado a trabajar así. Ahora tiene un proyecto.”

¿Alguna vez Vargas Llosa le ha dicho que algo es incorrecto? “No, no incorrecto”, responde García Ángel. “Él dice que algo puede ser mejor.” ¿Le ha dicho alguna vez que algo es excelente? “Dos o tres veces. Por eso, la semana siguiente es una de las buenas para mí. Sigo mirando hacia atrás mientras avanzo.”

El final de la partida

“Al principio”, recuerda García Ángel meses después de empezar a trabajar juntos, “Vargas Llosa criticaba el nuevo material, sobre todo por lo que dejaba de lado. La descripción de un edificio ocupaba 60 páginas. Finalmente, Vargas Llosa me dijo: ‘Muy bien, ¡pero estás loco! Tienes que comenzar a contar la historia.’ Estas descripciones del edificio todavía están allí, pero las he dividido en fragmentos y las utilizo donde lo necesito.”

Como el final del año se acercaba, Vargas Llosa estableció un plazo para la finalización del manuscrito. “Ahora también trabajo los sábados,” dice García Ángel, con dos meses por delante y una tercera parte por terminar. “Por ahora tengo 212 páginas. Cuando tienes páginas, la vida es diferente.”

Extracto de un capítulo de Matthew Gurewitsch para “Unique voices, Common Visions”, una reseña del ciclo 2004/2005 de la Iniciativa Artística Rolex.