Innovación

Si alguien le hubiese dicho a Tahar Ben Jelloun que algún día se convertiría en mentor, habría soltado una carcajada. Y si alguien le hubiese predicho a Edem Awumey que en algún momento tendría el placer de ser discípulo, simplemente no lo hubiera creído. Ahora, su relación parece tan natural que no necesitan hablar de ello.

Al principio, se fueron descubriendo uno al otro con cautela y cada uno leyó los libros del otro, sólo para hacerse una idea. Luego, se escucharon detenidamente, cada uno escudriñando al otro sin límites, uno expresando críticas y el otro aceptándolas.

Edem comenzó por enviar a Ben Jelloun las primeras páginas de su trabajo, un esbozo que pasaría a ser un proyecto, antes de convertirse en una obra terminada; luego, Ben Jelloun le envío sus comentarios. Edem se encontraba en Gatineau, una provincia de Québec, y Ben Jelloun estaba en París, Tánger o donde fuera que se estuvieran traduciendo sus novelas. Juntos estaban sembrando las bases de una "colaboración electrónica" que naturalmente los acercó.