Tras un año con un Maestro

Parece completamente transformado desde su reciente y larga visita a Tahar Ben Jelloun en Marruecos.

Indudablemente, he tenido momentos inolvidables en las callejuelas de Tánger, que han sido una gran fuente de inspiración en las novelas de Tahar Ben Jelloun. Conservo una imagen muy fuerte de un momento en particular: mientras estaba mirando el mar, surgieron momentos del presente para unirse con memorias del pasado. De hecho, en el puerto de Tánger, donde tanta gente joven sueña con cruzar el mar, escuché la misma música de huída, de despedida, que había escuchado en los muros y costas de Lomé, la ciudad de mi infancia. ¡Qué extrañas resonancias!

Como un eco misterioso y subterráneo que pasa entre el mentor y su discípulo…

Redescubrí parte de mi propia historia en la suya. La historia que he vivido, la que llevo conmigo y sobre la que estoy escribiendo. Hablamos mucho de ello en su hogar y en su casa en las montañas, que está impregnada de su trabajo y serenidad.

¿Cómo trabajaron?

En una mesa baja, con hojas blancas, palabras para oír y té de menta. Era fascinante y el encanto seguía ahí cuando fuimos a Fez, su ciudad natal. Allí, tuve una experiencia aún más cautivadora: era la primera vez que visitaba la ciudad y ya tenía la impresión de encontrarme de vuelta en lugares que había conocido mucho tiempo atrás. De hecho, eran los lugares descritos en su novela "Oración por el ausente", que me absorbió por completo. ¿Puede imaginar cuán sorprendido estaba al encontrarme en el lugar que inspira la novela y el aporte que eso significa para el trabajo que estoy realizando ahora? Nada lo puede remplazar.

¿Ha cambiado su manera de hacer las cosas desde que comenzaron sus intercambios?

Sin duda. Hubo conflictos, tanto con respecto a la forma como al contenido. Me incitó a leer "El sonido y la furia", de Faulkner, y me demostró que mi vendedor de castañas africano en París no era creíble… por lo que lo transformé en un chofer de taxi negro, que, de hecho, se adapta mejor a mi historia. Fui yo quien lo inventó, pero fue Ben Jelloun quien me impulsó a inventarlo. Era perfecto, verdaderamente. Acaso ¿no es eso lo que se espera de una colaboración como ésta? Fue un enfrentamiento difícil, ya que cada uno se aferraba a su propio punto de vista, pero, sin hacer concesiones, logramos llegar a un acuerdo.