Sólidos pilares

Edem elaboró y mostró las bases de su próxima novela, basada en el año que vivió en París hace mucho tiempo, cuando vagaba por la calle Auguste Comte, cerca del Jardín del Luxemburgo, donde los negros son algo así como una rareza. “Es la historia de un castañero expatriado en París,” explica. “Las castañas son su vida, su estatus, su identidad. Un día, en la plaza en frente de un museo, conoce a una chica blanca, una estudiante de arte, que se parecía a la mujer que amó, en versión joven. Ella le sugiere que se transforme en un negro que cuenta, que cambie su destino, para convertirse en un negro que tiene éxito, en vez de ser un simple negro.”

Algunos meses más tarde, el Mentor y el Discípulo se encontraron en Tánger, al calor de una chimenea, en la sala de estar de una casa edificada en la ladera de una montaña, mientras fuera, el albañil reparaba las escalinatas del jardín. En sus manos, Ben Jelloun tenía las primeras 110 páginas de Edem, con sus anotaciones hechas a mano. Lo demás estaba en su cabeza. Se olvidaron de la historia y hablaron de la estructura, construcción y arquitectura de la novela. El escritor franco-marroquí, un admirador de los grandes novelistas de América del Norte y Sur, incitó a Edem a leerlos, para qe descubriera sus motivaciones y la manera en que ponen cierto orden a su propio caos. “Se aprende a escribir leyendo textos complejos e impactantes,” sostiene. A Edem, por su parte, lo han marcado las novelas de Romain Gary y "El Extranjero" de Camus, que le causaron una fuerte impresión cuando las leyó en el colegio de religiosas, en África, sin olvidar la obra "Sufrían por la luz", escrita por un tal Tahar Ben Jelloun, que leyó durante la escuela secundaria.

Más tarde, discutieron sobre la credibilidad del protagonista de la novela en curso. Al principio, no se escuchaban: uno insistía en que el personaje no era creíble y el otro pensaba que sería una locura convertirlo en un paquistaní. Tras días y noches de discusión, el resultado fue el mismo libro, aunque diferente.

Cada vez que Edem empezaba a tener dudas sobre su historia, Ben Jelloun le daba un pequeño empujón: “Imagina que estás frente a los representantes de la Editorial Gallimard que estarán a cargo de vender tu libro a las librerías: ¡convéncelos!”. Ben Jelloun nunca hubiese soñado con dirigir a Edem –soló deseaba apoyarlo.