Entrevista con Pinchas Zukerman

¿Por qué eligió a David Carpenter como Discípulo?

Una respuesta rápida sería por su talento extraordinario. Pero sobre todo, es el tipo de persona que me intriga. Es extremadamente curioso. Su mente está mucho más avanzada que su edad física. No ha sido sólo por su habilidad y coordinación sorprendentes al tocar, además de la calidad de sonidos que produce, sino por su curiosidad. Enseñar a alguien así es maravilloso. Es una persona cautivadora, sencilla y muy amable.

¿Qué puede ofrecerle usted, concretamente?

Puedo ayudarle a entender algunas de mis experiencias de la vida y la música, comunicarle ese conocimiento y ese patrimonio profundos. Él comprende todo muy rápidamente. Todo lo hace rápidamente.

¿Qué le atrae en el proceso de tutoría?

No me he convertido en un maestro [ahora]. Desde que tenía 20 años, he sentido cierta fascinación por la enseñanza y nunca he dejado de aprender al respecto. Patty Kopec [colega de Zukerman en la Escuela de Manhattan] y yo estamos en una constante evolución como maestros. Siempre hablamos de nuestros alumnos, nos interesan sus vidas, su forma de pensar. Ella es más paciente que yo. Me dice: “Pink, espera.” Yo soy muy impetuoso.

¿Habla con los estudiantes de temas que no sean musicales?

Sí. Ellos hablan bastante juntos, aunque creo que cuando hay un mentor [presente], no lo hacen tanto. Eso los confunde. Es una situación complicada. La enseñanza es un largo viaje. Cada caso debe tomarse con guantes y exige tiempo. He visto como muchos simplemente no lo hacen.

¿Cuál es la cualidad más importante que desea transmitir?

¡La honestidad! Al finalizar el año, el alumno interpreta una sonata de Bach y en ese momento tiene que ser honesto con la partitura. Si no es honesto, para mí, está perdido. La imitación sólo vale cuando se hace correctamente. Pero no pueden limitarse a copiar. Uno tiene que ser fiel con uno mismo.

Al parecer, muchas de sus relaciones con sus alumnos no acaban nunca.

Mis alumnos son mis amigos y luego siguen siendo mis amigos.