El método de tutoría
“Ser mentor de intérpretes de cuerdas es todo un viaje,” declara Zukerman. “¿Cuánto tiempo toma? ¡Toda una vida! Es una mezcla de conocimiento, conocimiento, conocimiento y conocimiento. Es una tradición. Recordamos a Leonardo da Vinci, por ejemplo. ¿De qué otra forma se aprende? Los estudiantes tienen que ser pacientes. Yo les digo que van a llegar a los 85 años. ¿Qué son tres años? ¿Qué porcentaje? ¡No es nada, tan solo el 2% de su vida!”
Zukerman lleva a los alumnos hasta los principios fundamentales, por ejemplo a discutir sobre la vibración de las cuerdas, o el simple hecho de abrir el estuche del instrumento, lo que para él equivale a comenzar con el pie derecho. Según él: “Tenemos entre cuatro y seis semanas de principios básicos. Y funciona.”
El método Zukerman incluye unas ocho semanas de lecciones “cara a cara”, entre septiembre y mayo (ya sea en Ottawa, sede de la Orquesta NAC y ciudad en la que Zukerman se ha radicado, o en plena gira, durante los fines de semana, o incluso en alguna casa de campo), así como unas cuatro o cinco vídeo conferencias, altamente recomendadas por Zukerman, pues al ser grabadas, pueden verse todas las veces que se desee. Toda relación de aprendizaje con él incluye a su colega Patinka Kopec, de la Escuela de Música de Manhattan. Él explica, de manera algo abstracta, que el proceso supone el análisis de las actividadades de los dos hemisferios del cerebro, separándolas, por decirlo de alguna manera, y reuniéndolas nuevamente. Zukerman emplea analogías del mundo del tenis. “El cerebro le dirá lo que el brazo debe hacer tanto en un revés como en un golpe de derecha. Pero en música, el resultado no será una pelota que pasa sobre la red. Se trata de una manifestación física, increíble y completa, inherente a lo que somos como personas,” dice. “El sonido de cada uno será diferente, como el ADN, el lenguaje, el entorno y todo lo que conocemos.”
Zukerman se da cuenta de que pide demasiado a sus estudiantes. Llega incluso a pedirles que renuncien a compromisos musicales adquiridos con esfuerzo, pues considera que asumir cambios es difícil cuando uno se está preparado para un recital bajo presión. “Es sólo por uno o dos años”, dice Zukerman, “aunque si consigue tocar con la Filarmónica de Berlín, tal vez sea conveniente que lo haga.” Carpenter no tiene problema por tener demasiados conciertos, su agenda aún no está copada con recitales.
Carpenter dice que Zukerman le ofrece lo que realmente necesita. “He confiado más en el talento que en los conocimientos musicales. Para la viola, él tiene una cantidad enorme de ideas geniales, por ejemplo sobre la producción del sonido,” comenta. “Cuando le escuché [a Zukerman] interpretando el Concierto para Violín de Beethoven con la Filarmónica de Nueva York, en la primavera de 2007, me dio la sensación de que llevaba un equipo de música dentro de su instrumento. Nunca había escuchado un sonido parecido. Todo era perfecto: el arco, la fluidez... Yo estaba con mi hermano; sólo podíamos mirarnos y decirnos: `¡Ala! A esto es a lo que tenemos que aspirar.’”
De un artículo escrito por David Patrick Stearns para Mentor & Protégé, revista documental sobre el ciclo 2006/2007 de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos