La selección

La interrogante que deberá enfrentar un músico joven al considerar una tutoría con Pinchas Zukerman es “¿Qué tanto lo desea?” y “¿Cuánto vale para usted?”

Zukerman, uno de los principales violinistas de su generación y carismático director musical de la Orquesta del Centro Nacional de las Artes (CNA) de Ottawa, Canadá, ofrece un nivel de sabiduría que realmente aprecian quienes ya han entrado en la etapa de la madurez artística. Ese era el caso de los tres candidatos que la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos había seleccionado para presentarle; dos violinistas y un violista, extremadamente talentosos y familiarizados con la formación intensiva, pero conscientes de que necesitan estimular su capacidad de asimilación cognitiva y creativa durante su juventud para que su producción creativa sea lo más larga posible.

“La pregunta principal” declara Zukerman, de 59 años, al considerar la dificultad que implica elegir al que sería su Discípulo es “hasta dónde puede llegar la persona.”

Para obtener la respuesta, Zukerman solicitó a los tres finalistas que tocaran para él dos veces, en periodos separados por varios meses; lo que quiere decir que el proceso de selección fue más largo que en las demás disciplinas de la Iniciativa Artística Rolex.

Al final, eligió al violinista David Aaron Carpenter, quien con tan solo 21 años, ya es un intérprete consumado y posee una técnica impresionante. En 2006, ganó el concurso de viola Walter W. Naumburg, que ha sido plataforma de innombrables artistas extraordinarios. La curiosidad intelectual de Carpenter es sorprendente, así pues su tesis de grado en la Universidad de Princeton es una comparación de la democracia en Turquía, Francia y Rumania. Pero el vínculo natural con Zukerman viene de los años de Carpenter en la división preuniversitaria de Juilliard School, en donde vivía una “doble vida” como violinista y violista. Eso para Zukerman es familiar, pues él considera que los dos instrumentos comunican entre sí.

“La primera vez que le vi [gracias a Rolex],” dice Carpenter, “todo hacía clic. Pero tras dos semanas con él en Ottawa, sentí que tocaba de forma diferente. Todo lo que él hacía era perfecto.”