Un deseo

Matthias Weischer sólo tenía un deseo: ver a Hockney trabajando. Era principios de verano de 2004 cuando, un poco intrigado por aventurándose en aguas desconocidas con un joven y prometedor colega, Hockney no le garantizó inmediatamente que su deseo se hiciera realidad.

Primeros pasos

Para comenzar, Hockney llevó a Weischer a visitar Londres donde –como en Los Angeles– tiene una casa y un taller. Primera parada: la Royal Academy of Arts, en Piccadilly, para una visita de la exposición de verano, un éxito anual al que Hockney ha contribuido con seis acuarelas gigantes de Andalucía.

Siguiente parada: la Galería Nacional de Retratos, cerca de Trafalgar Square, donde la colección permanente incluye el formidable retrato de Lucian Freud hecho por Hockney y una retrospectiva de fotografías del siempre de moda Cecil Beaton capturó a Hockney en su juventud: el mismo gigante tierno y tímido, una leve onda en sus cabellos abundantes, el rostro redondo, las gafas serias y una mirada discreta, que no se pierde nada.