La situación ideal

Durante mucho tiempo, Baldessari fue miembro del Instituto de las Artes de California. La idea de tener sólo un estudiante fue lo que más le atrajo del programa Rolex. “Es la situación ideal. Como dijo un escritor a propósito de la enseñanza, frase que siempre recuerdo, la situación de aprendizaje ideal es el profesor en un extremo del tronco y el estudiante en el otro extremo.” Cesarco le interesó puesto que aún está en una etapa de formación. “A veces, los graduados son realmente los más impetuosos,” prosigue Baldessari, “porque se mostrarán indiferentes. Actúan como si lo supieran todo. Son herméticos. Están completamente formados. Cabe preguntarse por qué vienen a una escuela de arte. Alejandro me da la impresión de estar muy interesado en cuestiones que suscitan mi atención.” Al principio, el eje de la relación era, simplemente, hablar.

En Santa Mónica (California), lugar de residencia de Baldessari, visitaron juntos las numerosas galerías de arte. “Mirábamos las listas publicadas los sábados y elegíamos,” explica Baldessari. “A veces, no hay nada. A veces, hay cosas que queremos ver. Y probamos. Tengo una mentalidad de `cubo de basura´. No descarto ningún tipo de arte. Hay que saber analizar montañas de basura para encontrar algo bueno. Pero, si existe un metro cuadrado que te atrae, ya es suficiente. El buen arte –aquel que me hace cambiar completamente mi idea sobre el arte- puede surgir de cualquier parte. No me ha ocurrido muy menudo. El mayor elogio que puedo expresar es: ‘Hubiera querido hacer esto’, en oposición a un crítico, que dirá: ‘Es interesante. Me alegro de que lo haya hecho.’ Años atrás presencié una increíble exposición de un artista, cuyo nombre no citaré. Luego, hablamos con un amigo crítico y pintor y me dijo, “Lo odiamos, pero siempre terminamos hablando de él. Se te mete en la piel.”

Más adelante, en la agenda de Baldessari figura la exposición “Magritte and Contemporary Art: The Treachery of Image,” (Magritte y el arte contemporáneo: La traición de las imágenes) en Los Angeles County Museum of Art. Como comisario de arte, creó un entorno divertido enfrentando los íconos surrealistas del maestro belga con creaciones en soportes diferentes, realizadas por 31 artistas contemporáneos. Al mismo tiempo, Cesarco organizó bienales en Bucarest, Rumania y Puerto Alegre, Brasil. Seleccionó a los artistas, les invitó a seguir con sus propios proyectos y, en general, les dejó carta libre. “Una gran parte de mi obra implica recurrir al trabajo de otra gente,” explica. “Las otras personas son tu material y, de cierta manera, eres como un coreógrafo o un director de reparto en el cine. Ninguno de nosotros hace un trabajo manual, se trata de ser director artístico, crear estrategias. Sólo haré el trabajo que puedo hacer, de lo contrario, lo hará otro. La mayor parte de mi arte consiste en pensar.”

¿Quizás ésta ha sido la verdad en toda la historia del arte?

“No creo,” replica Baldessari, socrático en su aversión por la contradicción categórica. “Cada vez hay más división del trabajo. En vez de ‘Escuela de …’, como en la época de los antiguos maestros, ahora tenemos ‘Fábrica de …’ ¿Cuánto trabajo hizo Andy Warhol?”

Las obras en curso de las series de Baldessari “Prima Facie” estás dispersas en su casa, y ejemplifican las prácticas de las que habla. Cada pieza comienza con un fondo fotográfico de un rostro. A través de los mágicos ordenadores, impresoras y otros artesanos, la foto se lleva a proporciones gigantes, se subdivide en amplias secciones y se colorea con parches de colores lisos en superficies de variados espesores, enfatizando narices y oídos. Si bien los rasgos personales se borran, la imagen final casi abstracta sigue teniendo su propia personalidad. Las huellas dactilares de Baldessari no se encuentran en ninguna parte, aunque la obra le pertenezca. Las escuelas y los talleres de los antiguos maestros no hicieron nada semejante.